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La ciudadanía como proletariado de sustitución, como nueva clase imaginaria

La ciudadanía como proletariado de sustitución, como nueva clase imaginaria

Los orígenes del ciudadanismo contemporáneo hay que buscarlos en el fin de la centralidad obrera, en la desarticulación política, económica y social del proletariado, protagonista del ciclo de lucha de los años 60-70 y en el fracaso manifiesto del proyecto histórico de autoafirmación obrera  entorno a la consigna de la autogestión.

Con el agotamiento del ciclo keynesiano-fordista (1945-1973)  se inicia la gran crisis del capitalismo industrial y su lenta transformación hacia otra forma de capitalismo, marcado invariablemente por la tendencia a la financiarización, es decir, por la conversión de los mercados financieros en el principal motor de ganancia de la empresa capitalista.

El ciudadanismo declara fracasados todos los procesos históricos de emancipación global. Es imposible la revolución.

 Las estrategias del capitalismo industrial para poner freno al ciclo de insubordinación obrera se centraron en trocear y deslocalizar las grandes fábricas para abaratar costes, así como en la solución tecnológica basada en  la automatización y robotización de las plantas productivas. La reconversión industrial supuso la aniquilación tanto de la clase trabajadora como clase como de sus formas de contestación política. La subcontratación, el recurso masivo de la temporalidad, el paro y la precariedad fueron las herramientas disciplinarias utilizadas por el Capital para recuperar sus tasas de beneficio.

De forma paralela también en los 70, comienza la crisis y posterior transformación del  Estado de Bienestar en Estado penal o represivo, para contrarrestar los efectos de la violencia resultante de la precariedad de masas. Este proceso que se caracteriza por la reducción general del gasto social (educación, pensiones, sanidad, ayudas sociales), la reducción de los márgenes de cobertura por desempleo y la mercantilización progresiva de empresas o servicios estatales. El objetivo final de esta transformación del Estado es instaurar un nuevo régimen de dependencia del salario, reducir las posibilidades de vida en la esfera del no-trabajo. El desmantelamiento de los medios de aseguramiento social, junto a la precariedad y el estancamiento de los salarios favorece la progresiva infiltración de la financiarización en las economías domesticas (hipotecas, pago de estudios superiores, fondos privados de pensiones,etc)

Es en este contexto general donde  emerge el ciudadanismo como  proletariado de sustitución, como imagen fantasmal y deformada del proletariado derrotado.

La ciudadanía reaparece como  el sujeto histórico que va a hegemonizar las nuevas luchas sociales, tergiversando el lenguaje, los valores y los ideales del viejo movimiento obrero mediante la utilización política de una serie de "lugares comunes" extraídos del vertedero postmoderno (movimiento de movimientos, mareas, multitud, ciudadanía, casta, proceso constituyente)  y que sirven para evacuar los arcaísmos ideológicos obreristas, así como para borrar los  rastros de la lucidez revolucionaria del periodo anterior.

El ciudadanismo declara fracasados todos los procesos históricos de emancipación global. Es imposible la revolución. No vale la pena sacrificar la felicidad existencial por proyectos ya derrotados. Mejor luchar por demandas concretas y realizables, que no entrañen demasiados sacrificios. El ciudadanismo es un espectro carente de las pesadas cargas políticas de los movimientos obreros y populares, del "pathos" trágico de la lucha de clases. Las herramientas de la lucha de clases son sustituidas por las de  las movilizaciones ciudadanas, que tratan de ejercer presión sobre la clase política y las instituciones hasta que cedan a las exigencias de la ciudadanía. El papel de la violencia o la acción directa queda eliminado  del proceso de transformación social, apareciendo el pacifismo como la única potencia que alumbra al ciudadanismo. La no violencia activa, el "escrache", la desobediencia civil y la objeción de conciencia son parte del repertorio programático del ciudadanismo. También la denuncia, el aislamiento y la purga de los "elementos radicales" en asambleas y manifestaciones. Ante cualquier resurgimiento violento de agitación obrera, la ciudadanía está movilizada para ejercer la represión.

El ciudadanismo trata de recomponer el vinculo que unía a la clase obrera, mediante otro vinculo que aglutine a los ciudadanos, el vinculo con el Estado. Se busca una identificación de tipo democrático y no clasista, apelando a formas de pertenencia identitarias (pueblo, patria o nación). El patriotismo es la abstracción mediante la cual el ciudadano se identifica plenamente con el Estado, es el recurso por el cual se invisibiliza la explotación y la plusvalía como base del conflicto social.

El Estado es el principal agente de unificación en los individuos democráticos, de ahí la fuerte demanda de Estado por los individuos exigiendo el mantenimiento o extensión de los derechos sociales y las prestaciones. Los individuos se reconocen en la acción del Estado, siendo mayor la aceptación en la medida que las antiguas mediaciones han explotado (familia, clase, barrio, valores). No se busca hegemonía de clase, se persigue la hegemonía del Estado, que es donde se realiza la reproducción global del sistema (protección social, educación, pensiones..) El estado es el único punto fijo en un mundo en permanente convulsión.

La tendencia general a la descomposición de clase es combatida con formas de recomposición de sesgo emocional: la voluntad de ilusionarse, de volver a ser una comunidad nacional, la búsqueda de lugar desde donde comenzar de nuevo. Cuanto más profunda es una crisis, más intensamente se lanza el ciudadano al rescate de la patria señalando y persiguiendo a los causantes de la crisis (políticos, banqueros,empresarios)  presentados ineludiblemente como "vergüenza" nacional. ( Iglesias en NY: son traidores a la patria los que privatizan o invitan a los jóvenes a marcharse, destruyen los servicios sociales y la educación pública.  Patria es lo contrario a corrupción. Hay que construir una España a la que poder volver.)

En el discurso ciudadanista, el concepto de ciudadanía o de multitud sustituye al de clase obrera. La ciudadanía actúa como criterio ordenador del tejido social y es la forma de contestación  a las desigualdades propias del sistema capitalista. La ciudadanía presupone la igualdad entre individuos independientemente de sus diferencias económicas, culturales o políticas. 

El principal sinsentido en la construcción de la ciudadanía es que trasciende y niega  las diferencias de clase, intentando ocultar la jerarquía social, a partir del status de ciudadano adquirido jurídica y constitucionalmente, no modificando las lógicas de dominio y explotación derivadas de las relaciones sociales capitalistas. La ciudadanía como proyecto político implica asumir el escenario social capitalista como el único posible y por definición niega a la lucha de clases como motor de la historia. Al negar el conflicto entre clases se desprende que el ciudadanismo es interclasista y en sus filas cabe el pequeño y mediano empresario.

La clase obrera derrotada reapareció convertida en masa asalariada y la masa ha sido transformada en clase ciudadana, una clase que se solo es capaz de oponerse a las consecuencias derivadas del sistema capitalista en lugar de a sus presupuestos. La condición proletaria a pesar de todo subsiste pero queda invisibilizada bajo la miseria de la condición ciudadana. Los trabajadores, le guste o no, son la fuerza de trabajo que valoriza al capital y como tales no son iguales, ni libres, ni ciudadanos, ni propietarios, no son más que  esclavos asalariados.

El ciudadanismo trata de recomponer el vinculo que unía a la clase obrera, mediante otro vinculo que aglutine a los ciudadanos, el vinculo con el Estado.

El ciudadanismo se basa en la ideología de los derechos para combatir algunas de las desigualdades sociales producidas por las dinámicas de libre mercado, la competencia económica o la redistribución estatal de riqueza.

Reivindican la necesidad de contemplar constitucionalmente los nuevos derechos surgidos de las transformaciones del mundo actual y articulan un discurso protectivo de los derechos sociales ya adquiridos nutriéndose de las emociones desorientadas de la ciudadanía, con un lenguaje que mezcla identidad nacional, estabilidad y seguridad física. La principal estrategia ciudadanista se basa en transformar o convalidar las exigencias populares en derechos que quedaran legitimados en alguna suerte de Constitución nacional, europea o global. La reivindicación de derechos es la estrategia para aglutinar a una mayoría social entorno al discurso ciudadanista.

La ideología de los derechos es pura expresión de individualismo burgués. Actúa como una fuente de mediación, consenso moral y delegación en las instituciones, contribuyen a la apatía política al tiempo que lleva implícita la aceptación social del dominio del Estado. El ciudadanismo elige luchar desde dentro, construir desde dentro mediante la búsqueda de una formula constitucional adecuada. Paliar o acabar con las desigualdades sociales construyendo un Estado ciudadano que sustituya al Estado  neoliberal. En este sentido es necesario aglutinar una mayoría social que esté a favor de una reforma electoral que varíe la composición de la clase política, sin cuestionar la partitocracia.

Para este menester es necesaria una reforma del sistema parlamentario, una reforma electoral que varíe la composición de la clase política sin cuestionar la partitocracia.

El ciudadanismo es la enfermedad infantil del izquierdismo.

El ciudadanismo municipalista cree que puede saltarse la lucha de clases encandilado por las cooperativas, las monedas solidarias, las redes de consumidores.

- La extrema izquierda ciudadanista comparte la disidencia pero no el odio, comprenden la indignación pero no la rabia, estar preparados para verter saliva pero no sangre.  Quieren que desaparezca el capital, pero como fenómeno natural, impulsado por la idea de que el capital esta enfermo, desean un colapso. Se sientan en la orilla del rio a esperar a ver el cadáver del enemigo arrastrado por la corriente.

- Son los enemigos decentes del capital.

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